Construir su vida
Comienzo con reportaje acerca de los discapacitados intelectuales, realizado en primavera de 2005. Hoy cuelgo la primera parte.
Hay una parte de la sociedad que lleva décadas luchando por hacerse ver. Son los discapacitados intelectuales, un colectivo tradicionalmente marginado que, en los últimos años, está recibiendo atención en numerosos centros en los que, día a día, cientos de profesionales exprimen su imaginación y sus recursos para colaborar en la construcción de unas vidas que, de otro modo, estarían condenadas a la sombra. Éste es un recorrido por las historias, las ideas, los lugares y, ante todo, las personas que participan diariamente en esa realidad.
Julio de 2004. La sala Ion, en Barcelona, es apenas una nave industrial utilizada para actividades culturales alternativas. Hoy, sin embargo, va a ser escenario de un acto, al menos, atípico. Son las siete de la tarde y, poco a poco, empieza a llenarse de gente, que en esta ocasión difiere algo de su público habitual. Una gran parte de los asistentes son paralíticos cerebrales, que tienen que desplazarse utilizando sillas de ruedas. Junto a ellos están sus familiares, reunidos en grupos, mientras los discapacitados se acercan unos a otros y se saludan. El motivo de esta peculiar reunión es mostrar el trabajo que, durante el curso, han realizado estos chicos y chicas en el Centro Ocupacional Sínia: una serie de vídeos protagonizados por los discapacitados que asisten al centro. Entre ellos hay una chica, Erica, que sufre una parálisis que la mantiene inmovilizada de cuello para abajo. Tiene que estar permanentemente tumbada, y requiere de una atención constante. Y, sin embargo, cuando empieza la sesión, en la imagen proyectada en la pared la vemos moverse, bailar, sonreír al ritmo de una música exótica sobre paisajes coloristas. Y en ese momento el público asistente comprende que Erica acaba de hacer realidad un sueño.
El Centro Educacional Sínia se encuentra en pleno Barrio Gótico de Barcelona. A pesar de lo privilegiado del emplazamiento, Sonia, una de las chicas que acuden diariamente a él, no se muestra muy conforme, porque los adoquines de esta céntrica zona de la Ciudad Condal no son lo más apropiado para una silla de ruedas. En este centro se desarrollan Talleres de Expresión Corporal, Interpretación o Técnicas de Movimiento que pretenden demostrar las cualidades y capacidades artísticas de personas con una gran discapacidad física y psíquica en edad laboral. Fruto de esa labor han sido los trabajos en el ámbito audiovisual desarrollados a lo largo del curso 2003-2004. El de Erica fue uno de ellos, pero hubo muchos más. Quizás el más ambicioso de todos fue el cortometraje en blanco y negro “La Cruz Rota”, que se llevó el Primer Premio de la segunda edición de “Súbete al Corto”, un Certamen Nacional y Especial de Cortometrajes organizado desde la Asociación de Paralíticos Cerebrales de Alicante. La originalidad de este concurso reside en que el requisito esencial para poder concurrir al certamen es que en el cortometraje presentado haya participado alguna persona con algún tipo de discapacidad. El corto presentado por Sínia tenía una estética algo chocante, pero una innegable originalidad (los diálogos estaban doblados por las personas que asisten al centro), planteando además una crítica social. El talento de los responsables de Sínia también da la clave de este éxito, un éxito basado, sobre todo, en la imaginación y en la creencia en la innovación como forma de lograr nuevas experiencias para gente con este tipo de problemas. El video de Erica, por ejemplo, se hizo a partir de una serie de fotografías de Erica en distintas posiciones sobre una colchoneta. Estas imágenes, encadenadas a suficiente velocidad, crearon la sensación de movimiento. Es decir, la magia del cine elevada a su máximo exponente. Otros de los chicos de Sínia también tuvieron experiencias parecidas. Pablo consiguió torear desde su silla de ruedas, y Laura demostró un dominio de las cámaras digno de la mejor presentadora televisiva. Otros años han realizado representaciones teatrales. Su filosofía es siempre la misma: permitir a estas personas desarrollar unas cualidades artísticas que pueden traerles consecuencias muy positivas. Y hasta ahora no puede negarse que han obtenido buenos resultados.